
She started painting in July 2001. She is passionated and has a lot of
creativity.
Crítica: Teresa María Robalo, abstracción, expresionismo y elucubración
de sensaciones
Expresividad del trazo, gesto, dinamicidad en la curva, presencia de estructuras
que son pura biología. El sentido de la vida subyace implícito en la producción
de la pintora portuguesa. No es que sea una apuesta clara por lo biológico,
entendido como la espina dorsal de la existencia, sino que lo integra sin
dificultad, buscando conferirle su espacio más adecuado, siendo protagonista en
ocasiones. Pero, en el fondo, es una excusa para poder elucubrar sobre
sensaciones, experimentar, constatar sus variaciones y cambios. La capacidad de
transformación que tiene la materia, los seres humanos o la propia vida es lo
que la atrae, dado que, en el cambio continuo, es donde se halla la verdadera
explicación de todo.
Nada permanece igual, todo varía, instante a instante, aunque formalmente
nuestra retina no se dé cuenta. Es como tener claro que existe el movimiento,
pero su acción aplicada a la materia no se constata al instante sino al cabo del
tiempo. De ahí que exista una clara apuesta por el cambio continuo, como eje
central de su filosofía pictórica, en el sentido de fomentar la idea de una
realidad que no está dividida en compartimentos estancos.
Es muestra propia idiosincrasia la que potencia el cambio, impulsándonos hacia
el dominio y aplicación de las energías, que transforman y purifican los
ambientes. De ahí que su obra dialogue constantemente entre las diferentes
concepciones que la conforman.
Trabaja en acrílico, óleo y acuarela, buscando la densidad del pigmento, huyendo
de lo matérico para instalarse en lo evanescente, en la fugacidad del cromatismo,
para, luego, apuntalar aquí y allá si es necesario.
Gesto, explosión cromática, salpicaduras que inundan la tela, espacio, formas
geométricas, verticales u horizontales, que se enlazan y entrecruzan con los
vericuetos sinuosos de la línea. Diálogo entre la contención geométrica, la
capacidad formal de volver a re-escribir el espacio y la fuerza expresiva del
trazo, del gesto del momento, de la salpicadura cromática, que estalla con
profusión, mostrando su versatilidad libre, su parte menos condicionada.
Se interesa por la geometría, aunque no como estructura básica de fondo, sino
que es un elemento más dentro de su posicionamiento sincrético. De esta manera
la forma condiciona el fondo, pero, a la vez, actúa como elemento de contraste,
cuando los gestos cromáticos se adueñan de la obra.
No hay tensión, pero sí contradicción, porque la pintura de Robalo se sitúa en
los márgenes, para adentrarse en las ideas preconcebidas y vencer los prejuicios.
De ahí que su posicionamiento matérico no predomine absolutamente, sino que se
mida con la forma, con la necesidad de que aparezca la figuración para explicar
con mayor claridad los estados de ánimo y la temática interior que condiciona el
discurso general de ideas.
No hay límites, porque en la sensualidad del paradigma descansa su secreto
pictórico. Busca escenarios, en los que también muestra rostros masculinos y
femeninos, cuerpos que se enlazan y entrecruzan. Dentro de este contexto, la
imagen de la pareja surge en la profundidad del color. Hay un baile de intención,
gestos, curvas, ausencia de imprecaciones, voluntad de conseguir un entramado
combinatorio entre la geometría y la capacidad del abstracto para no reconocerse
en un medio en el que los símbolos y las alegorías predominan. Pero, no hay nada
escrito de forma permanente e inmutable. Todo tiene una explicación, porque es
como si la artista abordara una sucesión de secuencias en diferentes tiempos,
siendo ella misma, a nivel subconsciente, la protagonista involuntaria de su
guión. Hay constantes referencias porque, en el fondo, se mira en su interior
para desarrollar su fuerza y es allí donde surge la verdad de su propia
evidencia.
Su grado de compromiso empieza consigo misma, a partir de asumir la posición en
la que todo está calculado, en la que surge la forma, expresando el gesto, la
suavidad de los cuerpos, la unión de los mismos, la fuerza expresiva de la
propia dinamicidad, casi sin limites, hasta que llega al paroxismo. Pero,
incluso, en aquellas circunstancias en las que alcanza la terminación de sus
actos la obra respira libremente, posee suficiente independencia como para que
no se deje influir por las anécdotas.
No es descriptiva, pero sí alusiva. Es decir que, en su composición, tiene
necesidad de que el espectador se oriente a través de sus temáticas, empleando,
para ello, a veces, personajes, y, en otras ocasiones, colores que marcan el
ritmo, además de la delimitación de la separación entre unas secuencias y otras.
De ahí que su pintura sea diversa, pero proceda de un mismo tronco común.
Su abstracción expresionista se transmuta en geométrica, pero, también, posee
vinculación con una figuración expresiva que se basa en su propia esencia para
reivindicarse a sí misma.
El resultado es una obra condicionada por el diálogo, basada en una serie de
planteamientos diversos, en la conjugación constante de ideas, pensamientos y
decisiones, que cambian según los instantes vividos. Todo está en función del
momento, nada está para siempre. En este contexto el azar cuenta mucho, porque
es el que rige la historia y conduce los tiempos.
Los seres humanos que incluye en su obra son extraños, pero reales, aunque
producto de su interior, de su alma, mostrándolos inmersos en historias de amor,
en un ambiente en el que predomina en cada instante la sensualidad de quienes se
saben poseedores de la llave de la biología. Aquella que abre la puerta de los
entendidos hacia el conocimiento supremo en mitad de un planeta desesperado
porque sus energías no concluyen en el ámbito espiritual canalizadas de manera
coherente. En nuestra sociedad hay demasiada dispersión, ofuscamiento, conflicto
de intereses para hallar una solución racional al problema de la convivencia. De
ahí que su producción pictórica oscile entre el expresionismo de sus personajes,
-hombres y mujeres, que parecen tener cuerpos de goma, tan flexibles que se
doblan como si fueran mantequilla, de tal modo que no se comunican con el eje de
la tierra, sino que se nutren del mundo de los anhelos- y la fuerza de la forma
geométrica que sigue el curso del color, desarrollando una visión contundente de
la pintura.
La aportación de Teresa María a la pintura pasa por ser sincrética pero, a la
vez, firme, fomentando la expresividad para dotar al cromatismo de la fuerza
necesaria, del aura poética que precisa para hallar la explicación a todos sus
interrogantes. De esta forma el color se desenvuelve con total libertad, sin
cortapisas, buscando la evidencia de sus limitaciones, para ser fuerte en las
circunstancias en que la elegancia deja paso a la sinuosidad de la curva y al
libre albedrío de la materia, que se comunica con la agilidad de la eficiencia
con el espacio. De esta forma es consecuente con la vitalidad que se vislumbra,
sin menoscabo de evidencia con relación a una posible serenidad visceral
contenida inconscientemente en su producción más reciente.
Joan Luís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte
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